Izúcar Blog

Página de mi blog personal en la que pienso colocar información de interés general relacionado la ciudad en la que vivo, Izúcar de Matamoros.

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Algunos datos históricos del Templo de Santo Domingo

El proceso de construcción del Ex convento de Santo Domingo de Guzmán inició en el mes de marzo del año 1552, proceso dirigido por el dominico Fray Juan de la Cruz y fue terminado en su totalidad en el año 1612, pero desde el 1575 ya había sido abierto al público.

Este templo es el más antiguo que existe actualmente en Izúcar de Matamoros y las poblaciones vecinas.

Templo de Santo Domingo de Guzmán

Templo de Santo Domingo de Guzmán en Izúcar de Matamoros.

El material utilizado para su edificación son piedras, las cuales eran transportadas por los pobladores desde los ríos o canteras de la región, y una mezcla denominada argamasa, la cual se componía de huevos de ave crudos, nopales, cal molida, arena, jugo de nopal y agua, pues en ese entonces aún no se conocía el cemento. Se cuenta que los frailes dominicos pedían como limosna a los feligreses algunos de estos elementos de la mezcla.  Las personas que participaban en este proceso no recibían paga alguna.

La mayoría de las construcciones de las diferentes órdenes religiosas en el territorio mexicano eran edificadas sobre templos prehispánicos, lo cual hace pensar en la posibilidad de que el Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán fue construido sobre alguna pirámide.

Los retablos del interior del Templo fueron hechos a mano con madera de cedro tallada y estofada de oro, obra de los artesanos de la época.

De todos los ex conventos construidos en México en esa época, el de Santo Domingo es uno de los pocos que hasta nuestros días se encuentra en buenas condiciones.

Un día obscuro

El día 28 de diciembre de 1939, el Ex convento de Santo Domingo de Guzmán sufrió un incendio que casi lo destruyó por completo.

Se cuenta que en aquel día, las campanas del Templo comenzaron alertar a la población, la cual acudió para darse cuenta de lo que sucedía. Al llegar al lugar no podían creer lo que observaban, el Templo que con tanto orgullo habían construido estaba siendo consumido por el fuego.

El siniestro había iniciado en el Altar Mayor y se propagó por los retablos y el Sagrario.

Rápidamente una multitud de personas se reunieron para intentar sofocar al fuego, formando una cadena humana desde la acequia que se encontraba a las orillas del terreno del Ex Convento y con cubetas en mano acarrearon agua con la esperanza de rescatar lo que quedaba de su edificio.

Entre las esculturas que se consumieron por el fuego se encontraba una imagen de Santo Domingo tallada a mano en madera de cedro, los pobladores lograron rescatar algunas esculturas y pinturas.

Al final llegaron los bomberos de la ciudad de Puebla, quienes se encargaron de sofocar por completo el siniestro.

Tiempo después, a la llegada del Párroco Arturo Márquez Aguilar, se iniciaron los trabajos de reconstrucción del Ex convento de Santo Domingo de Guzmán.

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EL TÚNEL DE SANTO DOMINGO

Emilio Velazco Gamboa

En tiempos de la colonia, los ministros de la Santa Iglesia en México realizaron la construcción de dos importantes sedes para evangelizar el valle de Itzocan –que actualmente es la región de Izúcar de Matamoros, al sur del Estado de Puebla: el del Apóstol Santiago y el de Santo Domingo, que originalmente era un convento. En torno a ambos hay muy hermosas y prodigiosas historias. La presente es sólo una de ellas, y ocurrió allá por los años transcurridos entre los de la Revolución Mexicana y los que se vivieron agitados por la Guerra Cristera.

Cuenta mi abuelita que doña Antonia Vergara era la esposa del sacristán del templo, don José Morales, quien, el día que ocurre el prodigio que hoy les cuento, había salido desde muy temprano a atender diversos encargos del señor cura. Cuando esto ocurría, Antonia, que cotidianamente se hacía cargo de la limpieza general, también tenía que dar las campanadas de las doce del día y de las tres de la tarde, pues regularmente don José solía llegar a eso de las seis.

Así, aquella mañana, la buena mujer se entregó a sus tareas, y en el cuarto donde se guardaban los candelabros, los floreros –por cierto, había ido a traer unos para ponerlos en el altar– y otros artículos del templo, vio una laja que había en dicho cuarto. Y aunque siempre estuvo ahí, nunca le llamó la atención como aquel día. Sin pensarlo, se acercó movida por la curiosidad y la levantó tomándola por la argolla.

Para su sorpresa, descubrió que, pese a ser de piedra maciza, no pesaba mucho. Además, era la entrada a lo que parecía ser otro cuarto, pues había una escalera que descendía hacia él. Pero más aún se sorprendió cuando vio que la escalera llevaba a un túnel, y supo que lo era porque una luz blanquecina pero suficiente alumbraba el camino que parecía extenderse bastante.

Así, empezó a andar el túnel en cuestión tras confirmar que la luz, llegada quién sabe de dónde, le permitía ver cosas impresionantes. Por ejemplo, había flores y pasto, pero también osamentas con armaduras españolas –¿serían acaso guardianes a los que nadie vino a relevar jamás de su encargo?, pensó la mujer–. Algunas otras osamentas estaban ataviadas con cadenas de oro y joyas, y conforme más avanzaba, más tesoros descubría. No obstante, respetuosa, no tocó nada. Simplemente veía y caminaba.

Así, Antonia caminó durante un rato, y aunque sabía que el tiempo corría, desestimó la hora pensando que no llevaba mucho ahí. Y como había entrado a eso de las ocho de la mañana, pensó que seguramente ya sería la hora de dar la primera serie de campanadas –las del medio día– que le correspondían cuando su marido se ausentaba, por lo que emprendió el camino de regreso. El túnel, empero, no terminaba ahí: es más, parecía no tener fin, y las riquezas y las osamentas se extendían a sus costados junto con las flores y el pasto.

Cuando estaba a punto de salir escuchó el tañido de la campana y, preocupada, pensó que serían –sin duda– las doce con minutos, pero agradeció que alguien hubiera llegado a dar la llamada del medio día. Sin embargo, la luz era más tenue que cuando bajó por la misteriosa escalera, por lo que creyó que tal vez serían las tres y su marido habría llegado más temprano que de costumbre. Le extrañaba, eso sí, no haber escuchado el primer llamado. ¿Acaso habría recorrido más camino del que creía?

En fin, que al salir vio –efectivamente– a su marido jalar la cuerda que

–a su vez– tiraba del badajo de la campana. Tratando de no llamar mucho la atención con su expresión de sorpresa, se acercó a él y le preguntó si estaría dando el toque de doce o el de tres, pero abrió los ojos como platos al enterarse de que don José estaba llamando a la oración de las seis de la tarde, como se acostumbraba en aquellos tiempos para que la gente, en sus casas o en el templo, rezara el Sagrado Rosario.

Sorprendido y preocupado pero tolerante –pues Antonia no era una mujer dada al chismorreo y, en cambio, era responsable con sus obligaciones–, su marido le preguntó que dónde había estado todo el día. La buena mujer le contó todo aquello que había visto así como la ruta recorrida, misma en la que había perdido la noción del tiempo.

Al ver en el rostro de don José la incredulidad retratada, Antonia lo llevó al cuartito aquel y –para sorpresa de éste– levantó la laja, que suele ser, como ya se dijo, de piedra maciza y, por tanto, demasiado pesada incluso para las fuerzas de un varón de buena constitución física. Pero ya empezaba a oscurecer debido a la hora que era, y el túnel no se veía más iluminado, por lo que no bajó a inspeccionarlo.

Finalmente, el matrimonio bajó la laja, misma que no se volvería a abrir jamás. No obstante, el misterio reside en que ése túnel parece ser parte de una red subterránea que nadie sabe cuándo o cómo fue construida, pero que en la época de la Revolución se usó para esconder a las mujeres del pueblo cada vez que las huestes armadas de uno y de otro caudillo se apostaban en Izúcar, evitando así que trataran de mancillarlas. Ése es el misterio, pues al parecer doña Antonia no lo sabía.

Otras personas cuentan que el túnel de Santo Domingo va a dar al Templo de Santiaguito, y que en otro tramo llega hasta la Iglesia del Calvario que está ubicada en el cerro del mismo nombre, donde –por cierto– está la antigua estación del tren. Hay otras gentes que afirman que los túneles llegan hasta Raboso, pero nada de esto ha sido comprobado, o al menos, no revelado públicamente.

Sin embargo, subsiste la leyenda, misma que se ha ido conservando pese al tiempo, mostrándonos que, aún ante el arca abierta –y no cualquier arca, sino verdaderos tesoros como los que vio doña Antonia–, es mentira que el justo peca.

Mientras tanto, las calaveras que vio la señora Vergara de Morales, continúan cuidando esas riquezas míticas y caminos de misterio que, cuenta la conseja, se abren paso bajo mi Patria Chica, aquella que la excepcional escritora Josefina Esparza Soriano definiera así, dándole no sólo una descripción sino el mejor marco:

Izúcar la cálida, la Heroica ciudad, puede agregar un adjetivo más a su nombre: Legendaria…

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Santiago Apóstol.

Santiago Apóstol, vida y leyenda

Recopilación de Jaime Dávila Peralta +.

Santiago el Mayor, cuya imagen es venerada en este santuario de Izúcar de Matamoros, fue uno de los doce apóstoles de Jesucristo. Nació en el poblado de Betsaida, en Galilea y era hijo de Zebedeo y Salomé y hermano de San Juan Evangelista. Tanto su padre como él y su hermano Juan, eran pescadores en el lago de Tiberiades cuando Jesús los escogió como sus apóstoles.

Debido a su carácter fuerte y decidido, Jesús llamó a los hermanos boanerges (del griego, Hijos del Trueno). Con San Pedro y San Juan, Santiago tuvo el privilegio de contemplar la transfiguración y agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní.

Diversos testimonios señalan que después de Pentecostés el Apóstol Santiago predicó principalmente en España donde de acuerdo a una tradición Santiago regresaba a Jerusalén triste por no haber logrado la conversión de España, en el camino se le apareció la Virgen María sobre un pilar de una construcción en ruinas, preguntándole por qué regresaba triste y ordenándole que volviera a España, Santiago regresó logrando una conversión general en la península Ibérica. De ahí la advocación de la Virgen del Pilar.

Una vez convertida España, Santiago regresó para ser decapitado el tiempo de Herodes Agripa rey de Judea hacia el año XLIV. Fue el primero de los Apóstoles en ser martirizado. (He. 12, 1-2).

La misma tradición afirma que su cuerpo fue trasladado a la localidad Gallega de Iria. Durante los conflictos sociales y políticos de ese tiempo en España, el cuerpo de Santiago se perdió, siendo descubierto hasta el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II El Casto de Asturias, por el obispo Teodomiro. En el lugar donde fue hallada su tumba, se edificó la catedral de Santiago de Compostela, importante centro de peregrinación durante la edad media a través del camino de Santiago.

Durante la reconquista de España, en poder de los moros se dice que Santiago apareció en la legendaria batalla de Clavijo, de donde proviene su representación de Santiago Mata Moros, montado a caballo blanco con armadura, un estandarte con una cruz y una espada en la mano, causando pavor y muerte entre los ejércitos moros, de ahí la representación que se da en España al Apóstol Santiago, misma que conocemos.

Durante la Evangelización de las tierras de Itzocan, los dominicos construyeron el Templo de Santo Domingo, el cual no contaba con capillas abiertas para los indios, razón por la cual los españoles edifican el tempo de Santiago Apóstol en el que fue el barrio del actual Santiago Mihuacán, una iglesia de la cruz y una sola cúpula.

El historiador Silvestre Antonio Bobadilla nos dice en su libro Itzocan: “Para los españoles que, andando el tiempo, eligieron su parroquia especial cuyos libros de bautizo se han conservado desde el año de 1647 seguramente fue establecida en el año de 1641 por el obispo de Puebla, el venerable Juan de Palafox y Mendoza (1640-1649) quien, por orden del virrey, quitó muchas doctrinas a las órdenes religiosas para sustituirlas por parroquias seculares.

El nombre de esta parroquia de españoles no consta de los libros del archivo parroquial, pero según la tradición y otras fuentes, estuvo en el templo de Santiago. A esta parroquia perteneció el ingenio de San Juan Bautista de Atotonilco, comúnmente llamado Raboso.

La actual parroquia que tiene la advocación de Santa María, se dedicó probablemente en 1791, pues en ese año, y después, la parroquia de españoles se titula Santa María de Izúcar”.

La escultura [de Santiago Apóstol] fue elaborada por un escultor cuyo origen se desconoce, utilizando maderas de naranjo para la escultura de Santiago y madera de mamey para la escultura del caballo, ambas de los árboles frutales de los barrios.

A continuación presentaremos un fragmente de la leyenda que la poetiza Josefina Esparza Soriano, con la que participó en el concurso de cuento y leyenda poblana con el seudónimo Comarcano:

Hace mucho, pero muchos años, pérdida la fecha entre los márgenes del tiempo; pero en el apogeo de la época colonial se construyó la iglesia donde se conmemora al señor Santiago, dado que ya eran muchos los sacerdotes que añoraban la presencia del seños de Compostela en este rinconcito de Puebla, que en toda la Nueva España se construían iglesias para el culto de la religión católica, por aquella época, llegó a la bella Izúcar un sacerdote emprendedor como todos los que llegaban de la Península Ibérica y con su docta palabra pronto convenció a los lugareños que ese hermoso templo recientemente construido, debía ser dedicado al Señor Santiago, del que era ferviente devoto.

Citó a todos los escultores distinguidos de ese lugar tan abundantes en todo tiempo y le hizo la encomienda de esculpir la imagen del Señor Santiago.

Dio a todos, datos precisos: debía montar un brioso caballo, pues había sido caballero de capa y espada y en su rostro debía reflejar la pureza, bondad y distinción de su abolengo.

Uno a uno fueron desfilando los escultores que debían plasmar la imagen del Santo, pero el no ver su obra consumada tal como debía ser, se retiraron a esconder su fracaso a otros lugares, pues a algunos les quedaba un horrendo caballo con jinete monstruoso, a otros de los escultores les quedaba un rostro feminoide impropio de la valentía de un caballero, otras más presentaban un jinete gigantesco sobre un caballo ridículo por su pequeñez, en fin nada, nada de lo que hacían los más renombrados escultores de la comarca salía a la medida de las necesidades.

Cuando ya el sacerdote aquel se mostraba desolado porque nadie sabía interpretar aquella imagen, cierto día en que el joven sacerdote ya había perdido toda esperanza de entronizar en ese hermoso templo barroco la imagen soñada, se presentó un hombre misterioso, pidió hablar largo rato con el clérigo y por fin lo convenció de que él o sea el desconocido era la persona indicada para hacer la escultura ya que todos deseaban, pues el templo y sus altares ya estaban terminados.

Una vez terminado de hablar el escultor, el sacerdote le señaló la sacristía recién estrenada para la realización de su obra, cerró herméticamente la puerta, como lo había pedido el escultor y se retiró a desempeñar sus habituales ocupaciones.

Por fin, ¡oh milagro! El sexto día se destrozó la expectativa… ¡desmedida sorpresa! Ante sus ojos se descubrió el velo del misterio. Ante él y algunos curiosos, estaba la majestuosa imagen del santo tantas veces deseado, como una soberbia aparición, el caballo más hermoso de la creación sostenía el Señor Santiago pleno de belleza… Por algunos minutos quedaron absortos ante este magnífico espectáculo, que no repararon en la mano que había realizado el prodigio, hasta que una vez que volvieron a la realidad buscaron sin éxito por todos los rincones de la iglesia, como para entonces ya la noche había tendido su manto de estrellas, con grandes mechones buscaron por todo el vecindario, donde ya la noticia se había extendido, pero el misterioso escultor no fue encontrado por ninguna parte. 

La ciudad de Izúcar de Matamoros fue la polo de atracción de grandes caravanas de creyentes, que visitaban el lugar para dar fe del milagro realizado, los que conocieron al extraño escultor notaron que el santo tenía las mismas facciones, no había la menor duda; fue el mismo Señor Santiago el que, sabiendo que nadie pudo hacer su imagen, se presentó ante los matamorenses para complacer el gran fervor que sentían por él.  

Hasta nuestros días se ha conservado la famosa escultura, producto de las manos puras y castas del mismo Señor Santiago, que se venera fervorosamente en la ciudad de los cañaverales. 

Con el tiempo e ha agregado más a esta leyenda: como que el Señor Santiago lo único que pidió fue agua de este lugar para poder quedarse a trabajar, dicen los más ancianos que este lugar que toda el agua que se toma hace milagro de ya no dejar ir a todos los viajeros que la prueban. Es por eso que en la actualidad en Izúcar de Matamoros existen habitantes de los diferentes municipios de Puebla y estados de la República y que sabedores los vecinos de esto exclaman: “Todos los que toman agua de Santiaguito se quedan aquí para siempre”.

Al colocar la escultura en el altar mayor de la iglesia, está fue muy grande  para las dimensiones arquitectónicas, razón por la cual, se tuvo que construir una cúpula más.

En la actualidad el Templo es considerado como santuario y la imagen que se venera y cuya devoción se ha extendido por todo México, incluso por el extranjero es reconocida como la escultura en veneración más grande de América Latina.

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